Costumbres Argentinas

Por Juan Carlos Rotter

Tanto los Presidentes Alfonsín, Menem, De la Rúa y Cristina o Macri además de ganar con un porcentaje similar de votos, una media argentina del 50%, sus proyectos políticos empezaron a naufragar cuando la economía entro en proceso de turbulencias. Bill Clinton lo definió con su frase fantástica de realismo político” es la economía, estúpido”.
Quizás no haya mejor manera de mostrar la dependencia que tiene la política con los resultados de la economía incluso más allá de los defectos que puedan tener sus regímenes políticos. Cuando baja la espuma política aparece el realismo económico. La previsibilidad y la confianza son comunes denominadores para garantizar en el tiempo los procesos económicos. Más allá de sus avatares, una economía con estas características en general suele estar al resguardo. Sus beneficiarios en general también.
En política hace tiempo que estas cualidades están ausentes no solo en las ideas o sus relatos sino en las conductas de muchos de sus integrantes. A esto se agrega también los ánimos fluctuantes de una sociedad que privilegia las ventajas obtenidas de las coyunturas económicas y mucho menos predispuesta a escuchar malas noticias. Aún persiste en la memoria de las incongruencias argentinas aquella jornada en la Asamblea Legislativa del 2001 en donde Adolfo Rodríguez Saa declaraba desaforado el default de la Argentina. Y todos nuestros representantes de pie aplaudiendo unánimemente y festivos tamaña provocación. Obviamente al poco tiempo llego el abismo y una de las mayores crisis institucionales que vivió el país en democracia. Habrá que ver las consecuencias actuales de recurrir y volver acordar con el FMI de los mandatos Macri y Fernández.
El crecimiento económico sigue siendo un ideal argentino difícil de plasmar. Las situaciones económicas de vastos sectores de la sociedad han ido empeorando. La política es responsable de alguna manera con esta realidad y hasta ha perdido cierta conciencia crítica.
En nuestro país cíclicamente las economías en tiempos de bonanza han servido para financiar las fiestas que luego se han transformado en tremendas desigualdades para las mayorías de una sociedad que mientras estas durasen, no había por qué pensar el futuro. Las fiestas a la larga se pagan, con déficit fiscal, con inflación, con presión tributaria, con freno salarial, con informalidad laboral, marginalidad etc.; nada es gratis.
Los sectores desprotegidos han aumentado, los sectores medios y medios bajos han visto disminuir su calidad de vida. El manual del panqueque argentino señala entre otras cosas que la economía es una auxiliar de la política, puede ser utilizada según la ocasión e interpretada de acuerdo a sus conveniencias, los ministros de economía son circunstanciales por eso caen en desgracia con tanta facilidad y no es necesario
proyectarla. Nada de plan quinquenal ni nada que se le parezca. ¿Habrá llegado el momento de poner el sentido común, el bolsillo y la razón en su debido lugar o la cosa seguirá siendo vuelta y vuelta como el panqueque?

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