Efecto Ligustrina

Por Juan Carlos Rotter

Lamentablemente las ligustrinas han desaparecido de los frentes de las casas de
nuestra provincia. Un símbolo que fue reemplazado por los muros de ladrillos. Existe un
malentendido en nuestros pagos con relación a este noble y rustico arbolito. A los
mismos se les daba un formato definido, cumplían con la función de protección y
además de fijar límites, presentaba una estética totalmente natural.
Pero el dicho popular le cargo otra lectura aquel que con su cabeza sobresalía por sobre
la misma automáticamente quedaba expuesto y se decía que no era lo más aconsejable.
Las ligustrinas como tal ya casi no existen, pero si persiste el Meta mensaje en algunas
cabecitas. Y es la regla de nivelar, de uniformar, de pasar desapercibido o del riesgo a
sobresalir.
Hay que admitir que ha servido como anillo al dedo tanto para aquellos que necesitan
encanutar algo, a los que les corre líquido de freno por las venas o para que no se note
como hicieron la guita. En menor medida no hay que ningunear a los que tienen la ñata
contra el vidrio y los resentidos por razones bien diferenciadas por supuesto.
En el caso de recurrir a la vegetación como espejo de la realidad, vale la pena recordar
el brillante film de Tim Burton en “El hombre manos de tijera” en donde la creatividad, la
ductilidad, la transparencia, el asumir riesgos, han servido para transformar la realidad
o bien para fortalecer los deseos y los principios de hombres y mujeres; totalmente en
contrario con aquello que señala que aquel que se atreviera asomar la cabeza por sobre
la ligustrina pierde.
Una señal además de errónea, menosprecia las cualidades y las capacidades que
pueda tener una sociedad para superarse. Es allí donde quedan postergadas las
situaciones que rayan en el campo del sentido común pero fundamentalmente sus
acciones siendo estas en definitiva las que marcan las diferencias y aportan al
crecimiento de una comunidad.
A donde sí se puede inclinar a abrazar el tan mentado efecto ligustrina es para señalar
las conductas que abrazan la esfera de lo social, aquellas que parecieran ser algo
rusticas para algunos, y que tienen que ver con la naturaleza misma de la evolución. La
manifestación corpórea de las sutiles formas de la equidad, la solidaridad, la inclusión,
los consensos y por supuesto de las libertades.
El diagnóstico del efecto ligustrino también ha echado raíces en la política criolla, en lo
económico se han producido algunas excepciones producto de cierta apertura y de
renovación generacional. Nuestros jóvenes que se están atreviendo a cuestionar la
realidad supuestamente ordenada o formateada a partir de romper con el mandato del
silencio o la escasa visibilidad que provoca el temor a cambiar están aportando lo suyo.
Y aquí quisiera detenerme un instante porque esto también corre para los medios de
comunicación criollos. Hay que encontrar, respetar y sostener las excepciones. La
diversidad debe existir, pero claro la sociedad en su conjunto debe contenerlos. Acá
tampoco hay milagros. Solo la naturaleza los produce.
En este caso nos dio la ligustrina a los sanjuaninos y que varias generaciones tuvimos
el placer de convivir con ella creyendo que solo con la cabeza en alto y la mirada amplia
se puede seguir transformando la realidad que nos toca vivir. Sin tener que perder la
identidad o explicar que cedimos por temor.

Efecto Ligustrina

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