En busca de un nuevo jefe

Año nuevo, vida nueva. Una frase que cada fin de año se repetía como un mantra hoy
cabe año nuevo, vida incierta.
El estallido de alegría que fue lograr el campeonato del mundo para la mayoría de los
argentinos para el peronismo resulto una pesadilla. La gran manifestación popular lo
dejo afuera de toda pertenencia. Algo peculiar para un país como el nuestro y más aún
para el peronismo que está acostumbrado apoderarse de tamaño capital político cada
vez que se presenta la ocasión. Alberto lo hizo? Sería injusto cargarle toda la
responsabilidad. Pero mal que le pese es la autoridad máxima del estado y partidaria.
Hacer peronismo sin guita ya es una complicación e intentar liderar peronismo desde la
debilidad es misión imposible.
Para peor una parte significativa de sus militantes empiezan a señalarlos como
responsables de la pobreza, la inflación, la inseguridad, la malaria y desorientados
empiezan a preguntarse si no ha llegado el momento de comenzar a buscar un nuevo
jefe. No solo para sacarlos de estos problemas agobiantes, sino que lossalve del desierto
político como destino.
Néstor Kirchner les decía a sus acólitos que no prestaran atención en lo que decía sino
en lo que hacía, podrá ser cuestionable desde alguna posición principista, pero en
definitiva era un hecho político. Pero se hace difícil en Alberto Fernández encontrar
algún elogio en su labia que nos sea un racimo de contradicciones. Esto no solo devaluó
su palabra, también su figura. O tal vez sea el arma que tuvo para que “el fuego amigo”
no se lo llevara puesto. Pero lo concreto es que para una gran parte de argentinos por
lo que se está viendo espero otra cosa del primer mandatario.
El problema de varios dirigentes políticos peronistas es que no solo perdieron el olfato.
La embestida a la Corte Suprema es un símbolo de inseguridad jurídica y en cualquier
país normal la inseguridad jurídica espanta inversiones. En un país como el nuestro con
una economía informal del 40% es una propuesta que raya el delirio. O a lo mejor es la
evidencia que el negocio de la política es seguir tirándose tiros en los pies mientras la
gente se empieza a preguntar que hace la política por nosotros.
Todo esto no quita que se deba desconocer que en nuestro Poder Judicial las carmelitas
descalzas casi están en proceso de extinción. Y que la sociedad argentina tampoco tiene
una buena imagen de ella, todo lo contrario.
Aun sumergido en la crisis el peronismo nunca termina de caerse, perdón a los
vendedores de caramelos de madera, esto se vio reflejado en la embestida contra la
Justicia donde hubo sectores y dirigentes partidarios que mostraron sus deseos de
autoprotección y no acompañaron la movida. Esta tormenta institucional que desato el
Presidente para congraciarse con su mentora es más que desesperante.
El peronismo empezó a preocuparse seriamente por la creciente desconexión con la
realidad de la mayoría de los argentinos. La agenda que está proponiendo el gobierno
centrada en la realidad judicial que solo a él le preocupa o a los sectores cercanos a la
Vicepresidenta habrá que ver cómo impactara electoralmente.
Quizás todo sería más digerible para los peronistas si en el futuro la renovación del poder
que se pondrá en juego en la segunda mitad del año se produzca. Pero no parece que
este vaya a ser el desenlace. Mientras tanto con el supuesto renunciamiento de Cristina
empieza a correr el agua por abajo del puente.

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