Estamos condenados al éxito

Un decidor extravagante que supo envalentonar a toda la clase dirigente del país y que aún no tiene el reconocimiento que se merece, en su condición de tal. Mira que Banfield es una cantera inagotable de figuras a la causa nacional, pero como El Cabezón, ni hablar. No se le conocía tamañas dotes lingüísticas hasta que lanzo la frase que lo catapulto al meme de las dos décadas.
Uno podría señalar que es una frase que te la puede ofrecer un líder que está más allá del bien y del mal, por supuesto bien alejado de nuestra realidad, pero dicho por un auténtico barón de la mejor provincia del mundo, es otro cantar.
Hay que tener presente que desde que arranco como bañero en Lomas de Zamora nunca se anduvo con chiquitas.
Mira que bailar con una damajuana en la cabeza festejando que una fórmula presidencial a la que no le daban un mango se había adueñado del peronismo no lo hace cualquiera. Ni que decir que a través de un crédito se quedó con la quinta 17 de Octubre en San Vicente que perteneció al General y desde allí recibía a los compañeros que hacían fila para darle un beso y cantar Los muchachos Peronistas con la voz del maestro Hugo Del Carril de fondo. ¡A partir de allí pasaron a llamarlo El Padrino!
En la tan mentada crisis del 2001 lo tuvo como piloto de tormentas, las malas lenguas dicen que se asoció con Don Raúl para sacarlo del medio a De La Rúa. El episodio de Video Match para estos dos capos de la rosca política fue toó much. ¡La cosa no paso a mayores gracias a la intervención del Oso Arturo!
Ahora vamos a lo concreto, para un dirigente que camino bastante la calle sería ingenuo pensar que dicha sentencia tenía que ver con un grado de delirio o de miopía política. Más bien tiene que ver con un problema que acarrea la política nacional de los que se autoproclaman salvadores del fracaso recurrente y su tendencia al vale todo. Se animó a realizar un ajuste económico feroz que permitió sumado a los buenos tiempos de la economía mundial a enderezar un poco el desvarío que azotaba al país por entonces. El exceso de optimismo y la dramática evidencia del tránsito hacia las dos argentinas hicieron lo suyo.
El sueño del nuevo restaurador iniciaba el camino del ocaso político y daba comienzo a otra etapa que marcarían los últimos 20 años de la política argentina. Al tal mentado éxito se lo termino deglutiendo su ahijado político. Hace 50 años la pobreza en la argentina alcanzaba el 8%. En la medida que fue transcurriendo el tiempo y fueron acrecentándose los recursos a través de lo que generaban la agro-industria – commodities en lugar de guardar la plata y limitar fuertemente las posibilidades de los gobiernos de meter la mano en el chanchito de los ahorros hicimos lo contrario. No hace falta explayar demasiado de lo que paso en nuestro país en este medio siglo.
¡Desde 1983 a la fecha el peso argentino perdió diez ceros! Con la política de gastar más de lo que se tiene y otras insensateces, el país logro hundirse como ningún otro. Con solo mirar el ranking de performance de los países (no solo los más cercanos) y figurar entre los de más bajo resultado, se hace difícil pensar como saldremos de ese lugar insistiendo con medidas de urgencia y recetas de falso diagnóstico.
Mientras tanto nos sigue pasando el tiempo, con la misma gente de siempre, diciendo las mismas cosas de siempre, en un país que cada tanto se vuelve a poner la calesita de sombrero.
Sin embargo, la política sigue siendo decisiva y los políticos garantes de futuro. Claro esta, proponiendo y proyectando, creando y construyendo, dialogando y acordando para que el mismo pueda alcanzar a todos no solo para el conurbano bonaerense. Esto de verdad seria alcanzar el éxito.
¡De seguir con la misma cantinela la Argentina puede colapsar!

Estamos condenados al éxito

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