Que falta nos hace Alberto

Agarrados a las cuerdas en el penúltimo round así está llegando el gobierno que se
vanaglorio que volvía para ser mejores. Pero que a quien vamos a ir reclamarle si hoy
nadie se hace cargo de la criatura. Mejor volvamos al deporte pasión de multitudes. La
idea de terminar de pie el combate es el único objetivo a lograr. Los temas que acechan
al gobierno nacional están todos sobre la mesa o sobre el ring, como más le agrade
estimado lector.
El mes de diciembre puede llegar a ser complicado o una fiesta mundialista. Si la redonda
no brinda una satisfacción, aunque sea efímera, casi seguro no habrá lugar para la magia.
La suerte ya está echada o se sigue aguardando por la aparición de algún milagro el año
próximo.
Increíble paradoja para un gobierno que se sintió campeón del mundo antes de empezar
a jugar. Siempre hay que tener presente un principio deportivo que cabe para la política
perfectamente. ¡Ojo que los otros también juegan!
La gente percibe claramente que la política genera cortinas de humo para tapar los
problemas que existen o la angustia por la malaria. Esto es lo que ha ido generando el
enojo, la desconfianza, el malestar de la ciudadanía en general y si a esto le sumamos
un fracaso mundialista ya estamos hablando de un cocktail explosivo. Ecuación dada por
un gobierno sin credibilidad y una sociedad mal humorada o sea la cuestión es mucho
más complicada que un resultado futbolístico adverso.
Aquí se hace notorio el síndrome del nido vacío que nos dejó Alberto. El más grande. No
se me mal entienda me estoy refiriendo al Negro Olmedo, solo él podría llenarlo al
menos en clave de humor ante tanta desesperanza que estamos sintiendo como
sociedad.
Al borde de un año electoral, la gran preocupación del gobierno es el aumento de la
pobreza en estos próximos meses. Las posibles causas son varias, la desaceleración de
la actividad económica, el impacto de las políticas económicas contractivas
implementadas y la aceleración de la inflación que provoca un deterioro en el ingreso
de los hogares.
El gobierno dilapido el tiempo para generar confianza mientras las diferencias internas
crecían al calor del día a día. La construcción de la confianza está directamente
relacionada a la consistencia entre el dicho y el hecho y aquí radica el motivo del
descredito y la desilusión. No es menos cierto que sigue manteniendo la información y
las herramientas sobre las que puede construir certidumbre. ¡Claro que las expectativas
no se hacen solo con anuncios!
Y aquí volvemos al estado de animo de una sociedad castigada con el latente riesgo de
la conflictividad social de los sectores más postergados. Son muy pocos los que creen
que se puede remontar la situación con los indicadores que la economía argentina nos
está brindando con lo cual es de suponer que ni contando con aquellos momentos
brillantes de distracción que nos ofrecía cada noche el gran Olmedo nos ayudarían a
escaparle al destino que nos enfrentamos; tratar de aguantar lo que más se pueda y
rogar que todo no sea peor que ahora.
Toda la estrategia que comienza a desplegarse a la luz del día para despegarse del tren
fantasma que ha sido la gestión del Frente de Todos no existe frente a la situación
económica y social que la mayoría de la gente está observando desde el lugar en que se
encuentre.
La ultima que puede sonar a chiste, pero no lo es. Lo lanzo el Ministro Massa
recientemente: “eso de expandir el gasto público para ganar una elección es cosa del
pasado”. Una maravillosa música en los oídos para varios menos para Cristina & Cía.
Inimaginable en otros tiempos aun en los de Alberto Olmedo.

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