Todo tiene un precio

Por Juan Carlos Rotter.

En los primeros cinco meses de la presidencia del Rey León las tarifas de gas habrán recuperado casi todo el atraso de los últimos cuatro años. Del resto de las tarifas después hablamos. No es que le esquive al bulto es simplemente para hacer más llevadero el guascazo. Una dulce encuesta no se le niega a nadie y menos si “mercado pago” no sufre ningún tipo de contratiempos. Lo cierto de esta moda de los rankings de aprobación es que pueden llegar a ser vendibles hasta cierto punto por más garra que le ponga la empresa comercializadora. Hasta una categoría de gobernador puede ser colocada sin ponerse colorado. Sabemos que los gobernadores invierten una buena moneda en su imagen y con viento a favor pueden llegar a ser conocidos en medio país o más. En otras categorías como ser la de Intendente, no jodamos, su nivel de conocimiento puede alcanzar a su vecindario, a los parientes y allegados, la gente ha dejado de comer vidrio. A pesar de todo, las encuestas, la política y la economía real son las herramientas con las que el gobierno del Rey León busca manejar a los gobernadores para lograr que se sancione la Ley Bases en el Senado. La popularidad del Presidente en el interior del país y las arcas provinciales necesitadas de recursos son factores determinantes a la hora de decidir el voto legislativo. La caída de la recaudación de impuestos sumadas al torniquete sobre las transferencias discrecionales ha restringido a niveles críticos la autonomía de los gobernadores. Los Senadores representan a las provincias con lo cual está por verse si conjugan o no en esta instancia decisiva a lo que espera que resulte el gobierno. La hípercentralización tributaria que supo imponer Néstor Kirchner para construir poder y quebrar a la liga de los gobernadores con sus aspiraciones le da los mismos frutos a Javier Milei que se propone consolidar su poder sin reparar mucho en pruritos institucionales. Los gobernadores enfrentan un gran problema y es el cepo a la obra pública y todo lo que esta conlleva, pérdidas de puestos de trabajo, golpe a las empresas constructoras y proveedores locales, con impacto en otras fuentes de las economías locales que se ven resentidas. Las promesas que se liberen fondos para obras a cambio de apoyo de los senadores pueden sonar creíbles. La gestión nacional cuenta con billetera, nada original por cierto, a la hora de desplegar una acción política discrecional. Palo y zanahoria. Veremos cómo lo resuelve el Senado y la muñeca política de la Vicepresidenta Villarruel. Nada es gratis, tampoco para el gobierno. En un marco de derrumbe del poder adquisitivo, recesión y crecimiento del desempleo, el tiempo dirá que costos pagara el gobierno para que “la casta” a la que defenestro en su momento hoy le de crédito para llevar adelante sus propuestas. Es interesante prestarle atención algunos temas que salieron a la superficie con la discusión de la Ley Bases. El financiamiento de la política, el régimen de incentivos para las grandes inversiones que apuntan a las compañías que invierten en minería, petróleo y gas, la tributación actividades económicas con protección por parte del estado (tabaco y juego) y por último la tan mentada reforma laboral. Una necesaria reforma laboral que quedó reducida a lo que pretendía el gobierno, reclamada por las patronales y con aceptación en su momento por la CGT. El déficit cero del gobierno nacional no será negociable pero la sanción de la Ley Bases sí. Suponer que el apriete del gobierno de Milei a los gobernadores se reduce al campo del antiperonismo puede ser un error. La votación en diputados por parte del “peronismo minero” a favor del RIGI, es una corroboración. El paro de la CGT desconcertó a muchos. Sobre todo, porque con anterioridad se les dieron curso a muchos de sus reclamos de parte del gobierno. Antes de que cumpla seis meses en el poder Milei ya tiene dos paros generales a cuestas. La medida se sintió con fuerza, la adhesión de los gremios del transporte fue fundamental y tuvo diferentes mensajes y destinatarios. Lo más nítido fue que el sindicalismo tradicional en este cambio de época lo que pretende es no seguir resignando poder. Ni en lo económico ni en lo político. De cualquier manera, no logro conmover al Gobierno. El paro general y la Ley de Bases son cara y contracara de la misma moneda. Mientras el gobierno intenta impulsar un modelo económico basado en la liberalización y apertura de los mercados, los sindicatos entienden que los beneficios son para la patronal. De todos modos, no hay un pensamiento univoco en la CGT. Detrás de la puja entre el gobierno y los sindicatos se esconden intereses divergentes y visiones opuestas sobre el futuro del país. Mientras los sindicalistas evaluaban los números del paro, y donde algunos trasnochados pensaban en un nuevo paro de 36 horas, otra vez se produjo una escena insoportable de poder digerir: un nuevo choque de trenes. La vigencia de la inoperancia, la demagogia y la corrupción expuestas. En nuestra provincia la dirigencia política, mientras el país y su gente debate entre las necesidades y como salir adelante, existe un mensaje que debiera tener presente. Lo último que debe perder un dirigente es la habilidad de darse cuenta que cosas le conviene hacer y qué cosas no, cuales cosas son importantes y cuáles no para una sociedad que está esperando que hayan aprendido la lección. Y por último paso por nuestras tierras el gravitante Embajador de Estados Unidos Marc Stanley. No vino hacer turismo y hasta le dio animo a Orrego para arriesgar que en San Juan habrá minería con RIGI o sin RIGI.

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